Jul 10, 2026
Erupciones
en Islandia
Grandes erupciones en Islandia, EE.UU, las Islas Aleutianas y otros
centros contribuyeron a un enfriamiento global. Imagen: IA / prompt: Danny
Ayala Hinojosa
Un equipo de geocientíficos en Texas desmonta la hipótesis del impacto
extraterrestre al descubrir que el abrupto colapso térmico global de la última
edad de hielo fue provocado por intensas erupciones volcánicas terrestres.
Durante años, la comunidad científica debatió si la explosión de un
gigantesco meteorito en la atmósfera había sido la causante de sumergir a la
Tierra en un gélido letargo hace casi 13,000 años, un periodo de enfriamiento
abrupto conocido como el Dryas Reciente. Sin embargo, una investigación
liderada por la Universidad de Houston, la Universidad de Baylor y la
Universidad de Texas A&M ha sepultado la teoría espacial. El verdadero
«culpable» no vino del cosmos; dormía bajo nuestros pies.
La clave del misterio permanecía oculta en las profundidades de una
cueva en el centro de Texas. Allí, capas de sedimentos perfectamente preservados
funcionaron como el disco duro geológico del planeta, registrando firmas
geoquímicas que hasta ahora se habían confundido con restos de un impacto
extraterrestre. Al analizar estas huellas y cruzarlas con los datos de los
núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida, los científicos descubrieron
que los picos anómalos de elementos químicos coincidían con una serie de
colosales erupciones volcánicas ocurridas entre 12.980 y 12.870 años.
Para entender la magnitud del evento, imagina que la atmósfera terrestre
se convirtió de golpe en una gigantesca sombrilla cerrada. Tras las erupciones,
el planeta inyectó masivas cantidades de aerosoles y partículas de azufre en
las capas altas de la atmósfera, las cuales actuaron como reflectores directos
de la radiación solar. La Tierra dejó de recibir calor y las temperaturas
globales se desplomaron unos 3 grados centígrados de manera casi inmediata.
Aunque un solo evento volcánico promedio genera un invierno global que se
extiende de uno a cinco años, la coincidencia de múltiples erupciones masivas
consecutivas empujó al clima —que ya se encontraba en un punto de inflexión al
final de la última glaciación— a un colapso térmico prolongado.
La evidencia geoquímica definitiva la aportó Alan Brandon, profesor de
Geociencias de la Universidad de Houston, al demostrar que esta supuesta «firma
de impacto espacial» no fue un evento único aislado. Los análisis estadísticos
y estratigráficos determinaron que la misma señal geoquímica se repitió
exactamente cuatro veces entre hace 9.000 y 15.000 años, un patrón cíclico
característico de la actividad volcánica interna de la Tierra y matemáticamente
imposible para impactos de grandes meteoritos consecutivos. Este hallazgo no
solo reescribe la historia de la última era del hielo, sino que nos advierte
con rigurosidad matemática cómo los sistemas internos de nuestro propio planeta
tienen el poder de alterar el termostato global sin necesidad de ayuda
exterior.
Fuentes: Texas A&M
University Research Group




































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